DE TAL PALO, TAL ASTILLA…Y TIRO PORQUE ME TOCA

A mis 36 y cerca de mis 40 hay cosas que no dejan de sorprenderme. Yo creía que mi generación había sido educada con unos valores distintos, más avanzados al tiempo que los precedían, más igualitarios, con las mismas oportunidades para todos… y sobre todo, y quizás el más importante, todos pudimos estudiar.
Fui educada para no consentir que me chuleen, fue educada para huir de los chulos de playa sin neuronas –esos a los que yo llamo orangutanes-, fui educada para sobrevivir por mí misma sin necesidad de que nadie me mantenga y siempre recordaré algo que mi padre me decía desde bien niña: “no te compraré un coche ni tampoco una casa, pero gastaré lo que quieras en que estudies y seas independiente, que nunca tengas de depender de que nadie te compre unos pantalones”. Creo que es lo más sensato que mi padre me ha dicho en toda mi vida y no sé si he llegado a dónde él quería pero creo que no haber fallado.
Pues bien, resulta que últimamente no hago más que ver “chicas escaparate” con medidas perfectas, largas melenas, escotes despampanantes, mujeres explosivas -diría yo- que se muestran en un exposición a ver si un chico tipo MR. PROPER –pero con pelo- las escoge para hacerse famosillas o echarse una larga temporada en el candelero de la tele. La verdad que no entiendo tanto culto al cuerpo y tan poca preocupación por el cerebro. Pero claro, que se puede esperar de una sociedad que defiende a una tonadillera condenada solamente por cantar bien. No se a donde ha llegado la sensatez de esta sociedad, a mí me encanta Sabina, pero si este delinque aunque me siga gustando como canta, la delincuencia nunca tiene excusa. Al fin y al cabo el caso de la tonadillera no es muy diferente al de las “mujeres escaparate” que buscan una buena cartera que las mantenga para no tener que hacer ningún tipo de esfuerzo ni culto a su diminuto cerebro
Y claro “de tal palo, tal astilla” dice el refrán, aunque en este caso la astilla promete ser más que el palo (en cuanto al morro que le echa a la vida me refiero), porque la verdad que ésta ni culto al cuerpo, ni al cerebro ni a nada, sólo a la ley del mínimo esfuerzo moviendo un vinilo cuando no le duele el dedo gordo del pié. La pobre astilla se ha convertido en un gran cipote redondo sin neuronas lúcidas en su cabeza al cual se le pagan barbaridades por anunciar productos y mover el vinilo. La astilla también canta, sí, pero en este caso no ha heredado las facultades del palo, pero hay un montón de atontados que valoran más las canciones tontas de 2 frases que a un maestro como a Joan Manuel Serrat o las de su propia madre que a mí no me gusta nada pero que igualmente quiero hacer un reconocimiento a sus cuerdas vocales.

Fijaros si está sociedad se ha vuelto loca que un montón de mujeres despampanantes, de esas que podrían estar con el MR PROPER que más les guste, se decantan por una astilla sin apenas ningún atributo y una belleza semejante a la de un chimpancé (que me perdones los chimpancés), que aún encima es tan tonto para no intuir que después de los hazañas de su progenitora la agencia tributaria no lo iba a vigilar de cerca, y aun así va el tío y defrauda.
Lo más triste, y para terminar, es que la pobre astilla no es más que una víctima de la educación machista que ha recibido, la pobre astilla no tiene ni media conversación que no sea sobre algún cotilleo familiar, la pobre astilla – para más inri- no deja de procrearse trayendo a este mundo astillitas que espero que sus madres algún día se den cuenta de que “DE TAL PALO, TAL ASTILLA”

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